Flotar
«La mojarrita es de la familia de los carácidos», leo más de veinte años después. Pero miro mal y donde hay una «a» veo una «e» y entonces digo «carecidos». La mojarrita es de la familia de los carecidos, repito. E imagino que a la mojarrita le falta algo: las branquias, una aleta, un par de escamas.
—Vos sos mojarrita —dijo Claudia, la profesora de natación de la colonia de verano, después de tomarnos la prueba de nivelación.
Los mejores, los que sabían la onda y la infinita brazada mariposa: el torso partido y los brazos como gigantes, primero; el cuerpo como un péndulo suave, después. Esos eran tiburones.
Los que nadaban con destreza pecho y además sabían respirar mientras nadaban crol: una brazada, otra brazada, respiro a un lado; otra brazada, una más, respiro al otro. Esos eran delfines. Una especie de pez casi perfecto.
Los que habían aprendido la patada de pecho - talón con talón, abro; talón con talón, empujo con fuerza- y movían los brazos en sintonía, sacando y metiendo la cabeza en el agua al terminar, esos eran pejerreyes.
Las mojarritas flotábamos.
El agua toda, esperándonos.
A veces, cuando no me hundo, sigo flotando bien.
«La mojarrita es de la familia de los carácidos», leo más de veinte años después. Pero miro mal y donde hay una «a» veo una «e» y entonces digo «carecidos». La mojarrita es de la familia de los carecidos, repito. E imagino que a la mojarrita le falta algo: las branquias, una aleta, un par de escamas.
—Vos sos mojarrita —dijo Claudia, la profesora de natación de la colonia de verano, después de tomarnos la prueba de nivelación.
Los mejores, los que sabían la onda y la infinita brazada mariposa: el torso partido y los brazos como gigantes, primero; el cuerpo como un péndulo suave, después. Esos eran tiburones.
Los que nadaban con destreza pecho y además sabían respirar mientras nadaban crol: una brazada, otra brazada, respiro a un lado; otra brazada, una más, respiro al otro. Esos eran delfines. Una especie de pez casi perfecto.
Los que habían aprendido la patada de pecho - talón con talón, abro; talón con talón, empujo con fuerza- y movían los brazos en sintonía, sacando y metiendo la cabeza en el agua al terminar, esos eran pejerreyes.
Las mojarritas flotábamos.
El agua toda, esperándonos.
A veces, cuando no me hundo, sigo flotando bien.
